Fernando Krichmar. La insurgencia mediática.

Por ENZO MAQUEIRA




La calle está dura. Con esta frase -pintada en aerosol sobre una heladera- nos recibe el departamento de Fernando Krichmar. No hay mucho más para darnos la bienvenida, apenas un sofá cama, una mesa que sirve de descanso a decenas de videocassettes y una repisa oculta tras la persistencia del papel, de las revistas de cine y de panfletos políticos y artísticos. Es que Krichmar estudió psicología, pero el diván y Freud poco pudieron con sus ganas de ser Luis Buñuel, con su necesidad de empuñar el fusil en la forma de una cámara de video semi profesional y convertirse en un Che Guevara del cine.

Sus comienzos

La inquietud por el cine comenzó en Rosario. Allí nació, en 1964, y después de ejercer durante 10 años la psicología y de terminar la carrera de Dirección Cinematográfica, Krichmar llegó a Buenos Aires. Para entonces, ya vivía dentro de él la semilla de lo que algún colega llamó la insurgencia mediática: "Yo tenía que ver con una agrupación de izquierda allá en Rosario que en un momento fue desbancada por la represión — cuenta Fernando - y quedamos muy aislados para seguir dando clases, lo que fue determinando cierto desgaste en ese ámbito. Decidimos con un grupo de gente salir de la facultad y se me transformó en un ámbito demasiado individual. Yo necesitaba espacios amplios para generar debates y discusiones. La idea era generar proyectos que planteen una forma distinta de ver las cosas, donde el lucro no esté por delante. La solidaridad, la atención, el laburo, el compromiso teórico, nada de eso existe en el mundo de la psicología, como tampoco en el mundo de la Comunicación Visual, pero esto por lo menos tiene otro anclaje social. Todo el mundo ve la televisión".

Quizás el hecho que más motivó a Krichmar a su postura ideológica y su decisión, haya sido vivir el llamado Proceso de Reorganización Nacional en plena adolescencia, donde fue víctima de una dictadura que vio en los jóvenes a uno de sus enemigos directos. Si bien en el colegio secundario todavía no filmaba, esa etapa del proceso y la lucha de los setenta está muy presente en su producción. "La lucha de esos años" - relata - "fue el motivo por el cual hubo represión, y en general las producciones sobre derechos humanos no lo toman en cuenta. Hablan desde el dolor, terminan muy down y espantan a la gente. A mí me gusta mostrar ejemplos de lucha. Si hablo de violaciones a los derechos humanos no me interesa el regodeo con los represores, ¡qué malos que eran!, sino el ejemplo de lucha de la generación que fue salvajemente reprimida. Toda mi acción social y personal están en función de recrear las condiciones que llevaron al pueblo argentino a ese nivel de confrontación y todo lo que es la reflexión sobre la represión está pensada en función de cómo evitarla en un futuro y como poder vencerla. Es un punto de vista que es muy difícil encontrar en otros videos que tengan que ver con estos temas. La mirada es otra, no la que tienen la mayoría de estos documentales. No es la posición de víctima acostumbrada, porque esa es la posición que ellos quieren que aparezca, asustando a la gente. Se suele decir que los pibes morían porque los dirigentes los mandaban a morir, ¡un carajo! nadie mandaba a nadie. Había otro tipo de análisis crítico de las cosas y de decisiones personales muy fuertes que llevaban a tomar decisiones de vida muy fuertes".

Sin happy end

Su primer contacto con la cámara no fue más que el reflejo fiel de su concepción del arte audiovisual. Allí estaba Krichmar con la posibilidad de elaborar un mensaje que pudiera llegar a miles de espectadores, dispuestos a dejarse llevar por la sumatoria de rayos catódicos de la pantalla de televisión, listos para reconocerse en tantas imágenes de luchas. Así se sucedieron sus películas, asomando tímidamente por detrás de los grandes telones mientras atravesaban el torrente sanguíneo de un pueblo que las necesitaba. Apareció entonces, Hermanados con la muerte (1995), un cortometraje documental sobre los trabajadores del cementerio de Rosario. Luego, Ismael (1995), basada en un cuento de Máximo Gorkin. Y en seguida las películas más duras, donde la cámara es testigo y parte de la batalla del oprimido: La chucajay (1996) ("nuestra manera de hacer las cosas", en idioma wichí), sobre la toma del puente Misión La Paz-Paso Honda, por parte de comunidades wichís y tobas; Parar y cortar (1997), sobre un corte de ruta en el norte argentino; y La Resistencia (1997), cortometraje documental que nos transporta a la marcha de la resistencia anual de Madres de Plaza de Mayo. En 1999 se estrenó su película más ambiciosa: en Diablo, Familia y Propiedad, Krichmar mezcla dos horas de documental y ficción, en una visión tan real como auténtica de la lucha de los trabajadores del ingenio Ledesma, en la Provincia de Chaco.
Los protagonistas del video son chicos que viven en Ledesma, en un pueblo de unos cincuenta mil habitantes. Hoy día el ingenio está tecnificando la zafra e introduciendo maquinarias que hacen en una hora el trabajo que cien hombres hacen en un día, lo que los está dejando sin trabajo. Nada indica que el ingenio Ledesma vaya a abrir otra fuente de trabajo, y de los seis mil empleados solo quedan dos mil trescientos. Cuatro mil empleados quedaron sin trabajo: "Esta gente no tiene lugar en la sociedad argentina - opina Krichmar - no hay nada más que hacer. ¿Qué opciones tienen estos tipos? Venirse a Buenos Aires, o quedarse allá a hacer quilombo. Y muchos se van a quedar allá, porque saben que viniendo acá se van a cagar de hambre".

La revolución de las imágenes

Los materiales que Krichmar produce, y la gran mayoría de los que surgen de sus alumnos y su círculo de colegas "insurgentes mediáticos", no tienen lugar en el sistema oficial de difusión, es imposible difundirlos porque en general impugnan al mismo sistema. Entonces la idea - que es un poco tributaria de las ideas que tuvo el desaparecido cineasta Raimundo Gleyzer en la década del '70 - es plantear desde antes de la producción del documento audiovisual, un sistema de distribución. El proyecto comenzaría con la impresión de una revista, y a partir de ella hacer un circuito alternativo. Con esta revista se espera que distintos clubes, sindicatos, partidos políticos y agrupaciones barriales, se puedan sumar a una red de difusión, donde cada semana se proyecte algo distinto, y alternativo a los sesenta canales de cable y las decenas de cines que proponen la cultura Hollywood en la ciudad. "Por más que sea una o dos horas por semana - opina Krichmar - que en ese barrio esté el aparato oficial de radiodifusión y dos horas de nuestro sistema clandestino en tal club. Que no va a ser lo mismo ni mucho menos, pero por lo menos va a cumplir el papel que cumplen, en mi opinión, las Madres de Plaza de Mayo. La idea es sostenernos con el esfuerzo del pueblo, que el pueblo lo pueda utilizar para sus luchas, que sostenga la red de información". La propuesta se completa con una fase de educación de la comunidad, generando una red de formación, para que en cada uno de estos clubes haya un taller de video, con sus limitaciones, equipados con cassetteras caseras, handycams y equipos de edición semi-profesionales; hasta que se logre realizar un circuito de canales clandestinos, como las radios alternativas, pero con un sistema político más claro y definido desde el principio. "La única forma de que la gente cambie su visión Holywood del cine - opina Krichmar - es ligándose a estos sectores, los que estamos saliendo a pelear, haciendo un cine como el que nosotros hacemos. A partir de ahí los sectores van a influir en la sociedad o sino la sociedad no va a valer más la pena. Es una doble posibilidad. Pero yo creo que la gente está cambiando su actitud, sobre todo y fundamentalmente porque el modelo no cierra, hay mucha gente que no tiene lugar".

Además de la realización de sus propias películas, Krichmar trabaja como profesor en el taller de video de FM La Tribu. Su lógica de enseñanza plantea que desde lo documental se va a la ficción, porque a partir del contacto directo con la realidad, se llega a encontrar personajes para la ficción. A través de un reportaje a un muchacho que está en un corte de ruta, por ejemplo, se llega a una cantidad de información que sólo el contacto directo con la realidad puede aportar; tanto en lo que tiene que ver con la forma de comportarse de la persona como en las razones por las que está en ese lugar, luchando por una causa que cree justa a pesar de que es reprimido por la fuerza gubernamental. Pero los estudiantes de cine son de clase media, con muy poco roce social, y una escasa diversidad de sus relaciones sociales, entonces, cuando se debe construir un personaje, se apela al estereotipo antes que a la realidad. "Cuando tienen que hacer un linyera - cuenta Krichmar, a partir de su experiencia como profesor - hacen cualquier cosa, no pueden ponerse en ese lugar salvo que tengan un talento superlativo, lo que generalmente no es así. Pero en la mayoría de los institutos, los estudiantes hacen ficciones y recién en el último año hacen un documental. Esto no tiene ningún sentido, porque ya estás formado con otra cosa en la cabeza y no hay forma de que te interese el documental. Hay que ir del documental a la ficción, es un paso natural de las cosas".

La propuesta de Krichmar a la educación y formación del director de cine incluye una marcada tendencia teórica, algo que según él es un serio déficit de las escuelas de cine actuales, y la realización documental como paso previo a la ficción. La idea manifiesta en todos los trabajos documentales es poner la cámara del lado la gente, del lado de aquellos que están luchando contra una fuerza que los supera. La tendencia a colocar la cámara detrás de la policía, tan habitual en otros documentales, cambia en Krichmar, colocando la cámara del lado de quienes los enfrenta: "De esta forma - opina - la gente que está mirando la película puede sentir la identificación con esos tipos que le tiran piedras a un cuerpo entero de policía armado con escudos, cascos y 9 milímetros. A mí me interesa la gente que está en un corte de ruta, saber qué es lo que lo llevó al tipo a eso, que está pasando por su cabeza. Por qué un tipo va a cagar a piedrazos a un policía. Estos son los personajes más interesantes de la vida argentina, eso es Argentina."


Por ENZO MAQUEIRA






Este artículo proviene de ARTNOVELA Ediciones
http://www.artnovela.com.ar/

La dirección de esta noticia es:
http://www.artnovela.com.ar//modules.php?name=Sections&op=viewarticle&artid=53