Volver a pensar
Fecha Saturday, 05 July a las 00:00:43
Tema Ensayos sobre filósofos y corrientes de la filosofía




Creo que una buena parte de lo que nos pasa se origina en una notoria incapacidad para poder pensar; ya no en un proyecto sino en la misma realidad, que pareciera escapársenos como monedas por el bolsillo de un saco roto. El desprecio por las ideas y la imaginación del futuro que ganaron la conciencia de la gente en la última década, fueron una prolongación de ciertos aspectos lamentables de la forma de ser nacional: el pragmatismo, un eufemismo para calificar a la astucia carente de principios que identificaron al presidente piola que decía leer a Sócrates, prolongó hasta el cansancio el mito de la viveza criolla.

Que el personaje no pudiera citar sin equivocarse o que padeciera de un notable impedimento para pronunciar tres palabras seguidas sin trabarse, fueron vistos con indulgencia risible más que sospechados como una prueba de decadencia.
.

En muchas de las interpretaciones sobre la realidad nacional que con timidez se ensayaron en los últimos años es frecuente el preludio que invoca el pasado floreciente de la Argentina; según las particulares visiones de la historia que tiene quién las elabore, puede situar ese período entre las primeras décadas del siglo XX o hasta su mitad: el parte-aguas de esas evaluaciones se sustenta en la apreciación del peronismo que tenga el autor. Sin embargo, es notable que de los ensayos sobre los últimos 25 años de la Argentina, los más documentados y profundos no pertenezcan a autores argentinos. Potash, Guillespie o Rouquié firmaron revisiones históricas bastante bien escritas. Probablemente esos autores se tomaron en serio algo que a nosotros nos parecía menor: la fanfarria que ganó a la sociedad en los años del presidente que jugaba al golf precisaba prescindir del pasado y no necesitaba de pensar para adelante; otros lo estaban haciendo por ella.
.

No pocas veces se habla de ese fenómeno, que para interpretarse debiera prescindir de inútiles invocaciones al nacionalismo. Es al menos sospechoso que los mejores ensayos, según la crítica, fueran escritos por tipos que no nacieron en el país. Porque no es que falten intelectuales capaces de hacerlo; tampoco escasean los economistas: hasta ahora, la matrícula más grande de la UBA es la de la facultad que hace esquina en Junín y Córdoba. Sin embargo, la cantidad no hace a la calidad. La perniciosa opinión de que es más práctico ocuparse del presente que hacerlo del futuro, terminó por allanarles el camino a los que siempre sospecharon que las utopías conspiraban contra sus intereses.
.

Aunque parecieran sobrar historiadores y economistas, nadie aparece como capaz de sintetizar una idea común para llevarla adelante. Sospecho que perdimos la capacidad de elaboración crítica de proyectos; el decaimiento moral es parte, aunque no alcanza a explicar cómo un país que consiguió destacarse en materia educativa y por sus niveles de instrucción pública, no llegue a estabilizar una corriente de pensamiento para pensar en un futuro que no sea el del día inmediato. Ese pragmatismo venturoso y egoísta, que nutrió a buena parte de la dirigencia política, terminó por opacar cualquier intento de reflexionar sobre algo que no fuera tan contundente como un shopping perfumado o un préstamo hipotecario.
.

La generación del 80 es mencionada muchas veces como protagonista de la Argentina que se inició más o menos con el siglo XX. A ella pertenecían personajes contradictorios y que tendrían una fuerte participación en la organización nacional luego de Caseros: Mitre, Sarmiento, Alberdi, Roca, pero también Velez Sarfield, Mármol, Cané Hernández o Echeverría. Habían sido más o menos unitarios y en general se habían opuesto al gobierno de Rosas. Muchas veces, especialmente desde el peronismo y la izquierda, se los vio como esbirros de la política británica; así los conocimos en los setenta, una época en donde todo lo que se vinculaba a la vieja Albión o a los EEUU apestaba a imperialismo cipayo y gorila. Sin embargo, aquel simplismo no bastaba para explicar lo que pensaban esos tipos.
.

Esa generación, conservadora, unitaria, admiradora de Francia e Inglaterra y los nacientes EEUU, tenía, a su manera un proyecto de país. Alguna vez me sorprendí en una librería, al ver las obras completas de Alberdi: más de veinte tomos en papel Biblia. No importa tal vez, en estos días, lo que dijera, ya depreciado por el aturdimiento de los años: el notable tamaño de la obra indica al menos, que el hombre tenía algo que opinar. Mitre, y también Sarmiento, quien lo siguió en la presidencia, fueron intelectuales: fundaron periódicos, pelearon en diferentes guerras ¿Sabían que Mitre tradujo La Divina Comedia de Dante Alighieri del italiano al castellano? ¿Y que Miguel de Unamuno calificó a Sarmiento como el mejor escritor en lengua castellana de todo el siglo XIX? Esos dos, contradictorios, odiosos y soberbios, eran también poderosos intelectuales. Me pregunto, en los últimos, digamos 40 años, quién de los que fueron presidentes, llegó a escribir a una página o a leer algo más que las noticias del diario seleccionadas por un edecán o manuales de conducción política y libros de auto-ayuda. Y no creo que la capacidad de escribir sea decisiva para un presidente, sino que expresa una inquietud intelectual que se perdió en algún momento en nuestros dirigentes.
.

La creación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) que generó una corriente intelectual que precedió y luego se sumó al peronismo, reflejó un intento –tal vez el último serio- de reflexión sobre el país que no llegó a sobrevivir al eclipse de aquel gobierno, desalojado en medio de tiros y bombas “libertadoras” en septiembre del 55. Jauretche, Scalabrini Ortiz, Homero Manzi y más tarde Hernández Arregui protagonizaron el intento más logrado que siguió al de aquella generación del ochenta.
.

Tal vez los últimos intentos de un pensamiento nacional encarnados en dirigentes políticos de envergadura, fueron algunos textos menores firmados por Perón y los análisis sesudos practicados por Frondizi, luego olvidados en razón de que en el ejercicio del gobierno, ese personaje se ocupó sistemáticamente de hacer lo contrario de lo que había escrito: La impostura intelectual de borrar con el codo lo que había escrito con la mano fue menor frente a la escasa catadura moral del personaje, una penosa condición que impregnó la época que lo siguió.
.

En los últimos años la intelectualidad pareció opacarse frente a la contundencia del sistema económico que se instaló con frenesí en la sociedad. Los vaticinios de un antiguo oficial carapintada devenido en político a propósito de que la “duda es la jactancia de los intelectuales”, que rememoraba la macabra aseveración de Goebbels “cuando escucho la palabra cultura me llevo la mano al revólver”, señalaron una época que se destacó por su mediocridad.
.

El ejemplo de Milstein –el último Premio Nobel argentino- es, melancólicamente, paradigmático. Se fue de la Argentina luego de recibir inspiradores garrotazos entre dos filas de policías de la Guardia de Infantería. Aquella jornada del año 1966, cuando Onganía envió a un puñado de agentes adiestrados en romper cabezas a la vieja facultad de Ciencias Exactas -donde hoy está la manzana de las luces-, es conocida como La Noche de los Bastones Largos, según fuera bautizada por el ingenio popular. Allí se consiguió expulsar, entre otros científicos e intelectuales, a un futuro Premio Nobel. La conclusión, inevitable y penosa, es que tipos como Milstein recibían golpes en la Argentina y premios científicos en Gran Bretaña.
.

El recurrente exilio, la miseria, el deterioro económico terminaron por inducirnos al escepticismo; y consecuentemente, a la pérdida de la capacidad de pensar en serio.
.

Una buena manera de intentar resolver los problemas es empezar por entenderlos. Cuando pienso en FORJA y en la generación del 80, o en la de Mayo que las antecedió, no puedo sino extrañar esa capacidad vital que tenían aquellos tipos para tratar de entender y luego pensar en un modelo de país; no para el día siguiente sino para medio siglo hacia delante.
.

Jorge Roberto Zanardi











Este artículo proviene de ARTNOVELA Ediciones
http://www.artnovela.com.ar/

La dirección de esta noticia es:
http://www.artnovela.com.ar//modules.php?name=News&file=article&sid=988