Tango Suite I
Fecha Monday, 23 January a las 22:51:11
Tema Ensayos sobre períodos históricos, corrientes, personajes sobresalientes


Camino distraído por Defensa hacia la Plaza Dorrego, lugar donde, cada domingo, se reúnen los anticuarios, artesanos y artistas callejeros para cautivar a los visitantes con curiosos objetos, pinturas y todo tipo de música y bailes.
El sonido de una guitarra acústica llama mi atención, en tanto los turistas pasean impregnándose de los olores e imágenes del tango, de algún electro tango o un rock argentino, que se van mezclando a la salida de los bares y tiendas.


El guitarrista callejero interpreta un tango frente a la iglesia de San Pedro Telmo, ayudado por un pequeño amplificador, que permite que el sonido de Piazzolla viaje por los alrededores, avanzando quizás por Primo, siguiendo tal vez por Balcarse y perdiéndose sin duda hacia la autopista 25 de Mayo. Tardo sólo medio minuto en pasar frente al músico, que levanta su mirada por un momento para agradecer una moneda. Él está trabajando, sin embargo el sonido de su guitarra es libre, vuela, no sólo por las calles, sube a las casas, a los árboles, entra en los bares y se va hacia la Plaza de Mayo buscando a las madres que lloran o hacia el Parque Lezama, para arrullar a dos amantes. De vez en cuando, caen algunas monedas en el sombrero tipo Gardel que el joven ha instalado sobre el amplificador. Es el pago que recibe por su trabajo. No es un pago justo. No recibe una cantidad de dinero que dependa de la calidad de su interpretación, ni de la cantidad de sonidos emitidos. No depende del tiempo que ha transcurrido mientras toca, ni de la hermosura de las melodías. Sólo cuando un transeúnte se conecte con la música, cuando logre silenciar su mente por un instante y se olvide de su condición de turista, quizás podrá entrar una moneda en ese sombrero. Sólo cuando esa persona lleve una moneda a mano y no le de pereza sacarla, o vergüenza entregarla, podrá recibir el guitarrista su recompensa, su remuneración, su premio. Sólo entonces recibirá el incentivo para seguir estudiando, para seguir trabajando, para seguir deleitándonos con una hermosa melodía y posiblemente para seguir viviendo. Pero si ello no ocurre, ¿qué pasará?
Es el libre mercado con su crudeza, que opera en una plaza de San Telmo, donde los anticuarios y artistas, hacen lo suyo por ponerle un precio justo a los objetos y a su trabajo, de tal modo que cada domingo, usando las más extravagantes estrategias, puedan cautivar a los visitantes, acompañados por un tango de Piazzolla.







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