ADIOS
Fecha Monday, 09 January a las 05:05:03
Tema Crítica literaria, cuentos y poemas


Amanda siempre fue una bomba a punto de estallar. Le daba miedo pero a la vez lo llenaba de adrenalina. Tan impredecible como una granada suspendida en el aire y él siempre esperaba su detonación, esperaba escuchar ese sonido estridente que le indicara que todo era un sueño y que ella jamás había puesto su mirada en él. Pero nunca sucedía.


De todas las veces que ella juró irse, él jamás le creyó. La amaba, sabía todo de ella (todo lo que ella quería que él sepa). Habían compartido noches de alcohol, de humo de cigarrillos, de hoteles baratos y sábanas llenas de encuentros y desencuentros. Noches de promesas rotas.
La había escuchado decir adiós más veces que el pronóstico y sin embargo sabía que esto no significaba nada.
Todos sus encuentros terminaban en la mañana, cuando él despertaba con la compañía de una nota en un papel cortado a mano. Una nota que contenía esa palabra de cinco letras. Entonces él se salía de esas sábanas llenas de encuentros y desencuentros, con sus recuerdos de la noche anterior aún intactos y se dirigía a su café preferido a desayunar.
Todos los días, al atardecer se dirigía en su auto hacia la esquina de la casa de su dama (como él amaba llamarla). La esperaba con la luz interior del auto prendida, de esa forma ella sabía que era él cuando lo miraba por la ventana de su habitación. A los pocos minutos corría a su encuentro como una adolescente, le besaba los labios y susurraba que ésa sería la última vez que lo vería. Pero esa última vez era infinita y siempre terminaba en el mismo lugar. De todas las veces que volvió a buscarla ella siempre respondió.
Un veinte de junio Mark decidió no ir a buscarla. No porque no quería (en realidad se moría de ganas y no entendía el por qué de esa decisión) solo que decidió que sería bueno que ella lo extrañe. La imaginó mirando por la ventana y descubriendo que él no estaba allí esperándola, la imaginó preocupada y pensando qué le habría pasado. Se encontró disfrutando de esos pensamientos, en realidad ella jamás había mostrado preocupación por él, por sus intereses, por saber qué había hecho en el día. Siempre decía que era mejor no hablar, que había hablado todo el día y que necesitaba relajarse. Es por esto que Mark sabía muy poco de su vida, nunca había visto a nadie a su lado pero Amanda no parecía ser ese tipo de mujer que anda sola por la vida.
Fue duro para Mark resistir la tentación de ir a buscarla, de ignorar ese estúpido impulso que lo había llevado a extrañarla más que nunca. A la mañana siguiente decidió ir a la esquina de su casa, a ese lugar glorioso lleno de ancias. Estuvo esperando tres horas hasta que por fin vió que la cortina de la ventana de la habitación se movia y aparecía esa cara tan preciosa. Pero esa cara no era la misma de siempre, tenía un gesto extraño que Mark no pudo descifrar.
Esta vez Amanda no corrió a su encuentro, caminó lentamente hacia el auto, titubeando. Se sentó en el asiento del acompañante y en voz baja le preguntó por qué, por qué la había abandonado el día de ayer. Él se disculpó, dijo que había cometido un error estúpido y arrancó el auto pero ella le pidió que no avance. Recién cuando Mark giró su cabeza para mirarla se dio cuenta de la situación: Amanda sostenía un arma y lo estaba apuntando. Mark se puso pálido. Ella le dijo que no debería haberla dejado sola, que ella necesitaba escapar de esa casa porque no quería hablar con Dermott. Que Dermott no la entendía, que vivía hablándole y quejándose de su trabajo. Lo único que Mark pensaba era quién demonios era Dermott. ¿Su marido? ¿su padre? ¿su jefe?. Cuando abrió la boca para preguntar ella amartilló el arma. Allí es cuando supo que ese momento era el que tanto había esperado, el momento cuando la granada suspendida en el aire tocaba el suelo y estallaba.
Lás últimas palabras que escuchó fueron adiós, Mark, me abandonaste sin que pueda decirte adiós y ahora es muy tarde.
En ese último encuentro fue cuando Mark la escuchó realmente. Tal vez ella siempre le hablaba pero él no necesitaba escucharla para amarla. Tal vez Mark siempre supo que su amor por ella no necesitaba palabras y tampoco necesitaba conocerla, porque con su imaginación le bastaba. Tal vez Mark había construido esa relación a partir de los datos que ella le ocultaba (o que él no escuchaba). Tal vez Mark temía descubrir algo que no le gustase y prefería no saber (o no escuchar) y entonces tendría que dejar de verla. Tal vez nunca se había puesto a pensar por qué ella le decía adiós tan seguido y por qué se iba sin que él se diese cuenta. Tampoco sabía por qué ella siempre volvía a sus brazos y por qué él siempre acudía a su encuentro. Tal vez sabía todo esto y prefería ignorarlo. Tal vez quería escuchar el sonido detonante que termine esa relación que nunca debía haber comenzado.


FIN






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