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El banquete de Platón, por G. ScarlattoBorrador de una experiencia de lectura, Agosto 1996 | Varias veces a lo largo del tiempo tuve que vérmelas con "El banquete". En algunos casos, según la institución que liderara la interpretación, esa lectura requirió tanta fe ciega o poca imaginación que sólo recuerdo el fastidio que me provocó. De ellas conservo un sedimento que trato con reservas y desconfianza. Pero otras lecturas de "El banquete" han sido más sabrosas. La mayoría de las veces de la mano de autores como Deleuze, Foucault, Nietzsche o Heidegger. Lecturas personales, anárquicas, que establecieron relaciones tal vez arbitrarias pero que tuvieron la virtud de provocar incertidumbre.
| La lectura a la que me referiré, ha renovado las preguntas anteriores y suscitado nuevas. Principalmente dos. Según Platón:
1) El deseo ¿parte de una indeterminación, de una carencia? ¿Es negativo el deseo?
2) El pensamiento binario, el de los opuestos: la lógica ¿conduce finalmente a la verdad? O mejor dicho ¿la verdad tendrá "matices"? ¿será gris la verdad?
1. EL DESEO COMO PRODUCTOR
INTERPRETACIÓN TRADICIONAL DE EL Banquete:
En este texto, Eros no se presenta como un fin en sí mismo. Es, como dice Platón, deseo "de algo". Con el mito del Amor como hijo de la pobreza y la abundancia, Platón resuelve el movimiento que conduce a la posesión del objeto como un desplazamiento que va, de la ausencia a la presencia, de la indeterminación a la determinación, en suma del "no ser al ser". Este movimiento se opera por obra del deseo, y su objeto es la "posesión constante de lo bueno". Ahora bien, se ama o se desea aquello que no se tiene. Así se podría concluir que el deseo es la operación del espíritu que lo conduce a la perfección y que parte siempre, o se "moviliza", desde el punto de partida de la ausencia de ser, de la carencia de bien o de belleza. Esta interpretación maneja el supuesto de una "privación en el origen", de una orfandad y ausencia de ser, por un lado, y de un "orden" preexistente de aquello susceptible de ser deseado, orden establecido desde la eternidad (mundo de las ideas eternas, inmutables, etc.)
Me pregunto si una hipótesis distinta no podría ser planteada también a partir del Banquete.
No una "privación" que acude a calmar una nada, sino, por el contrario una abundancia de ser: "fisis". No habría entonces una orfandad y una privación, sino un darse "en" la creación, un brotar y un hacer que ya no proviene de lo negativo y la mera falta, sino que es una fuerza positiva. "Fisis" que, viene bien aclararlo, no es en modo alguno una sustancia, sino por el contrario condición de posibilidad de toda existencia. Al mismo tiempo, el "orden" de aquello que puede ser creado (o deseado) no estaría determinado desde el origen; sería en cierto modo aquello que es producido en el brotar.
Diotima concluye que Eros no es deseo "de" la belleza, sino deseo de la generación y del parto "en" la belleza.
Platón descarta el genitivo de parentezco "de" (como en el caso "hermano de" que había sugerido al principio) y lo reemplaza por la preposición "en" utilizada en un complemento de lugar (acusativo). Es importante este cambio en la perspectiva porque, para empezar, indicaría que:
1- El punto de partida no ya sería la "privación o la orfandad de ser". La belleza o el bien, por dar un ejemplo, no son algo de lo que el hombre esté huérfano o privado, sino más bien el "lugar" desde donde trabaja su deseo.
2- Lo que se "desea" es la "generación y el parto". Eros es escencialmente creador y productor: "concibe", es filósofo. Su tarea es la creación (distinta a la mera sustitución de una orfandad por "el" orden correcto que viene deteminado desde la eternidad). Lo que se desea es la "producción misma" con anterioridad a sus resultados. Posteriores interpretaciones han puesto el acento del mito en la "pobreza" del origen del deseo, olvidando que también Platón lo filia en la paternidad de la "abundancia".
Claro es que para este autor hay un orden ideal del cual "participan" todas las cosas del mundo empírico, del mundo de las apariencias. Este orden, eterno e inmutable, es la dirección en la cual debe correr, según Platón, el deseo del hombre sabio: a la contemplación de las ideas.
Ahora podríamos decir, tal vez siguiendo a Kant, que estas ideas son "reguladoras". Que no es posible probar su existencia pero que sirven para conducirnos a la felicidad. Ese orden eterno ha pasado a ser un imperativo regulador. Pero, nada nos garantiza que esta aspiración se cumpla. En realidad, cada época histórica produce su realida a partir de la síntesis de sus propios materiales. Por lo tanto, Eros como productor es el motor que realiza el orden (la distribución de las existencias, y en consecuencia también el orden moral, político, intelectual, etc) de una época; y al mismo tiempo, ese orden en tanto que lugar o punto de partida -que necesariamente se precede a sí mismo en la medida que puede reacerse, que existe.
2. EL DESEO COMO “DAIMON”. ANALOGÍA CON EL LENGUAJE
¿Qué poder tiene el deseo? Dice Platón: "Interpreta y transmite. Rellena el hueco de manera que el todo quede ligado consigo mismo. Por medio de este género de seres (daimones) es por donde tiene lugar todo comercio y diálogo entre dioses y hombres.”
¿No es ese también el poder del lenguaje? ¿Se podría operar, tal vez sin pérdida de sentido, la sustitución de "Eros" por "lenguaje" y "dioses" por "mundo"?
El lenguaje es principalmente dos cuestiones: una ligadura que organiza un todo disperso -introduciendo el orden de las diferencias-; y a la vez el "lugar" donde transcurre esa operación.
Ahora bien, para Platón, la naturaleza empírica sólo "participa" de la perfección del mundo Ideal, allí donde las cosas son universales, absolutas, eternas e inmutables. En el universo de las ideas la belleza no está pregnada de fealdad, ni el conocimiento de ignorancia. La verdad es absoluta.
En el mundo de las apariencias, el mundo empírico, las cosas no suceden así. Ocurre que hay algo "intermedio" entre sabiduría e ignorancia (la recta opinión) como lo hay entre belleza y fealdad. Esto es así porque el mundo empírico "participa" meramente de la perfección de la Idea.
Esto ocurre, sin lugar a dudas, en el territorio del lenguaje. Es por su intermedio que se distinguen las cosas entre sí, y que podemos comprender, por ejemplo, la noción de algo como una idea eterna, absoluta e inmutable. Y también es por su intermedio que las cosas pueden dialogar entre sí, mezclarse de cierta manera y reaparecer luego con otro matiz: el lenguaje es lo que liga y distingue todas las cosas; y lo que "lleva y trae" su comidilla entre el mundo y los hombres.
Que esto es algo que ya haya visto Platón no le resta mérito a la originalidad de autores más recientes enfrascados en el giro lingüistico y el círculo hermenéutico. Lo original, precisamente, es que hayan recuperado en Platón esa certeza tal vez inconfesada (y ciertamente olvidada) por la tradición de que todo se decide y ocurre y "vive" en el lenguaje. ¿Habrá pensado esto Platón? ¿Es arbitraria la sustitución hecha más arriba en los términos?
Platón dice que el iniciado en las cosas eróticas que llega hasta el último grado de su iniciación, finalmente adquiere la "visión" del absoluto (la "belleza en sí", que existe siempre, que no cambia, que no es relativa). Y entonces el aorebduz estará en contacto con la Verdad.
Pero el arribo a esta verdad tiene la apariencia de una experiencia mística más que de un proceso racionalmente graduado ("de pronto adquirirá la visión de algo que por naturaleza es admirablemente bello" (2)). Y entonces ¿en el camino qué? (pero también en el punto de llegada y en el de patida) Pues el lenguaje: "Eros, que concibe según el alma bellos discursos, leyes, ciencias y filosofía". ¿Y cómo es la verdad en este estado previo a la contemplación de la "verdad en sí"? Algo mucho más modesto. Contingente. Histórico.
Me pregunto si la noción de verdad no se ha endurecido desde Platón hasta el punto de que las posteriores interpretaciones de sus obras creen ver en él más rigidez de la que en su momento realmente tenía. Después de todo, según el mito de la caverna, si la verdad es algo que en esta vida empírica sólo puede recordarse -que es casi una sombra de la Idea de verdad- la ciencia posible será también imperfecta y mucho menos fuerte de lo que luego se pretenderá. Además, la verdad entendida como visión es ontológicamente anterior a cualquier verdad predicativa.
Esto, que no quiere decir nada, tal vez sólo indique cómo el conocimiento y su resultado, la verdad de la proposición, no son "fuertes" sino, apenas, actos de fuerza.
Pero yo, que he leído este texto con la resonancia de otros, me hago estas preguntas -tal vez impropias- desde un camino de aprendizaje donde la única certeza posible, tímida tal vez, pero apasionada, sea la comprobación de que un libro es una “experiencia” y que nunca podemos "volver" de ella inmutables e iguales.
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NOTAS
1 “Experiencia” en la medida en que un texto es un termómetro que, a lo largo de los años, indica nuestras transformaciones más vitales. Cada encuentro sucesivo con sus conceptos revela cuánto hemos cambiado y, tal vez, cómo ese mismo texto y otros han constituido aquello que finalmente somos.
2 Sócrates (como muy bien viene a demostrar el discurso de Alcibíades) ha alcanzado la contemplación de la verdad en sí. Pero es una experiencia única, casi una iluminación.
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| Graciela Scarlatto
Comentarios al autor: PINCHE ESTE ENLACE. Publicado en: 2002-08-11 (21451 Lecturas)
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