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OBSESIONES FILOSÓFICAS DE FIN DE SIGLO, Buenos Aires, Biblos, 1993.
Obsesiones filosóficas:
El término "obsesiones" es muy fuerte y parece ubicar en senderos psicológicos, pero expresa exactamente lo que quiero decir: hay hoy (1993) ciertas temáticas que se han convertido en auténticos "nudos" teóricos los cuales impiden una discusión filosófica fructífera, pero que justamente por ello, se convierten en temas obsesivos a que uno se ve conducido, sin darse cuenta, compulsivamente. Esto ocurre, en parte, porque esos nudos se relacionan con un cuestionamiento de la razón. La cuestión es que ésta es "absoluta" por derecho, contra ella no podemos protestar sino con ella. En realidad, no nos deja, en su propio terreno, que es el de la discusión argumentada, sino el recurso de la estratagema y de la argucia, o del silencio que no es otra cosa que el resultado de la abstención a recurrir a argumentos que sabemos no convincentes.
De fin de siglo
El ethos del fin de siglo pasado, la conciencia colectiva de ese período, introdujo una nueva concepción del heroísmo, aquél que responde a la vivencia que queda más o menos expresada en la convicción de "¡cuán difícil es ser modernos!". El fin de siglo que ya es hoy también pasado no hará otra cosa que acentuar este heroísmo del cual habló Baudelaire, y al que queda condenado el hombre común. Ese hombre que no tiene otro remedio que enfrentarse con problemas como la destrucción del ecosistema, las paradojas de la genética y de la informática, la globalización, mientras sufre, sin saberlo, la "anomia" de que hablara Durkheim, la falta de una guía moral y de satisfacción de sus carencias.
Obsesiones filosóficas: será bueno no esquivarlas para entrar, como filósofos abiertos y sin dogmas, en el tercer milenio. Obsesiones filosóficas de fin de siglo, abre un panorama amplio, movilizado por lecturas y relecturas realizadas desde el presente, no abandonando la negación de lo "dado", ya que esa negación es el motor y el combustible de la filosofía, cuando esta no se convierte en un "asunto de Escuela", sino de vida.
En relación a lo anterior hay dos actitudes con respecto al futuro, una de imaginación y otra de nostalgia -en una síntesis de Stephen Toulmin-. Esta última no cuenta con un horizonte de expectativas. La década del 80 fue de nostalgia. Esperemos que la del 90, sea de imaginación y de proyección en el futuro. Pero para ello se requiere reconocer que la entrada en el tercer milenio no puede cargar con lo que fue patrimonio y marca de la modernidad. La vida actual difiere enormemente de la de los siglo dieciocho y diecinueve y desde el punto de vista de ideas y creencias ya no se puede sostener hoy la autonomía intelectual de ciencias separadas, ni confiar en la autojustificación de la tecnología, como tampoco, defender naciones soberanas e independientes o instituciones cuyo papel depende de una fuerza que la tradición occidental le ha acordado de acuerdo con un programa bien moderno, el cual está exigiendo una revisión a partir de una suerte de ecología planetaria.
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