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    Leibniz y el sueño cartesiano de la lengua universal
    Eduardo Agüero Mackern
     
     
    Descartes, en una carta dirigida al Cardenal Mersenne, escrita en 1629, se refiere a la cuestión de la creación de una lengua universal.
    En esta carta el autor hace una crítica a un proyecto de lengua universal que le había enviado con anterioridad el propio cardenal. (En la edición de F.Alquié -París, Garnier, 1991; p.227- de las obras de Descartes, en nota a pie de página, el editor afirma no haber podido determinar el origen de este proyecto que analiza Descartes. Sin embargo U.Eco, en una reciente publicación, nos dice que el autor de este proyecto de 'langue nouvelle' es un tal Des Vallés, un abogado dedicado a estudios lingüísticos que pretendía haber hallado una 'lengua matriz que le hacía entender todas las otras' "une langue matrice qui luy faisot entendre toutes les autres'.)
    Nuestra exposición se centra básicamente en los planteamientos vertidos en la aludida carta y la asunción de éstos por parte de Leibniz. Esta 'encrucijada' en que se encuentran ambos autores respecto de la cuestión de la lengua universal marca el inicio de un camino decisivo en la historia del problema, a partir del cual se atisban los elementos de una solución francamente fructífera. Este es también el punto de partida de los grandes proyectos a-posteriori de construcción de una lengua auxiliar de comunicación internacional, una lengua realizada a partir de una lengua vehicular que facilite la comunicación, tanto entre los científicos, como entre los demás hombres.
    Los efectos históricos de la 'characteristica' de Leibniz están a la vista: lógica matemática, lenguaje de los ordenadores, inteligencia artificial, etc. Sin embargo hasta el presente, creemos que aún no se ha resuelto de un modo adecuado y satisfactorio la cuestión de una lengua supranacional de comunicación entre todos los hombres. Esto puede deberse a que es imposible conseguir una lengua común de estas características y por tanto, el proyecto es obsoleto, o porque el lugar de esta posible lengua ha sido ocupado por lenguas vehiculares que han adquirido un cierto carácter supranacional. Sin embargo, también es posible considerar que, respecto de la adopción de una lengua artificial de esta naturaleza, aún nos encontramos en una situación provisional e inmadura pero encaminados hacia un futuro en que sí se conseguirá.
    En cualquier caso los ideales que sustentaban este proyecto siguen vigentes. El problema que se plantea trasciende los planteamientos lógico-lingüísticos y apunta a cuestiones antropológico-histórico-políticas.
    Por tanto, nos preguntamos ¿es posible conjugar las necesarias e ineludibles lenguas nacionales con una posible y hasta deseable lengua internacional?
    Dada la ambigüedad de los textos, es conveniente, antes de abordar la cuestión de fondo, hacer algunas precisiones terminológicas:
    Una cosa es un lenguaje formal para la ciencia, ya sea lenguaje de mera representación o de invención y otra, una lengua de comunicación cotidiana entre los hombres. En el primer caso tenemos, por ejemplo, la 'characteristica' de Leibniz, la 'Begriffsschrift' ('conceptografía') de Frege o la 'ideografía' de Peano en el 'Formulario'. En el segundo, se encuentran tanto las lenguas a-priori del tipo de las de Wilkins o Dalgarno, o las a-posteriori como el Volapük o el Esperanto. Es necesaria esta distinción inicial porque los textos aquí tratados son el germen tanto de una cosa como de la otra.
    Seguiremos la siguiente secuencia:
    1. Carta de Descartes a Mersenne del 20 de noviembre de 1629. (Utilizamos tanto la edición de Adam Tanery (París, Vrin, 1974; p.76-82), como la ya citada de Garnier (p.227-232).
    2. Asunción por parte de Leibniz de los planteamientos presentes en dicha carta, incluídas sus propias reflexiones y que se encuentran en 'Opuscules et fragments inédits' publicados en 1903 por Louis Couturat (Paris, Alcan, p.27-28).
    3. Una referencia a las actividades de la Accademia pro Interlingua, con sede en Turín, en el primer tercio de nuestro siglo, como ejemplo de la asunción concreta de la propuesta de Descartes/Leibniz.
     
     
    1. La carta de Descartes a Mersenne.
     
    Esta carta dirigida a Mersenne es una respuesta a la propuesta de una lengua universal y representa un hito fundamental en la historia del problema.
    En este escrito el autor expone básicamente el proyecto, lo analiza, señala sus dificultades e inconvenientes, y también destaca sus aspectos ventajosos, pero desde el principio ya manifiesta sus reservas en una clara actitud crítica, aunque termine por matizar esta postura al reconocer, al menos, la posibilidad teórica del proyecto.
    Según Descartes sólo hay dos cosas que aprender en cualquier lengua: el significado de las palabras y la gramática. Según el autor lo primero no es difícil ya que a lo sumo se necesitaría un buen diccionario, e incluso, los más cultos podrían prescindir de él en las lenguas más conocidas.
    Sin embargo la gramática es el gran escollo ya que las diversas lenguas presentan muchas diferencias en este sentido (conjugación de los verbos, declinación de las palabras, defectivos, irregularidades, excepciones, etc.) debidas, sobre todo, a la corrupción que con el uso se produce normalmente en cualquier lengua.
    Si se pudieran eliminar estas -llamémosles- 'desviaciones' sería posible construir una lengua que permitiera a las personas comunes (espíritus vulgares, como dice Descartes) aprenderla en unas pocas horas. Sin embargo, según Descartes la tarea de reformar la gramática es tan compleja, que en su lugar sería mejor y más fácil hacer una nueva.
    El autor considera que, al no tener 'defectos', la lengua común propuesta sería la verdadera lengua primitiva. A las demás lenguas habría que considerarlas como dialectos de la lengua común. De la atenta lectura de la carta aludida se desprende que Descartes no se muestra muy convencido de esta perspectiva y la considera más bien como una cuestión propagandística por parte del autor del proyecto, que como una verdadera posibilidad. Además, para que esto funcionara se tendrían que poner de acuerdo todos para utilizarla. Descartes ve aquí dos inconvenientes importantes: el primero, de tipo fonético, ya que será imposible encontrar sonidos que resulten convenientes (agradables al oído, fáciles de pronunciar...) en todas las lenguas. El segundo, de tipo práctico, viene dado por la dificultad en aprender de un modo solvente el vocabulario de esta lengua. Sería difícil encontrar gente que quisiera realizar este esfuerzo. De manera tal que esta nueva lengua sólo sería viable para los miembros de una misma comunidad lingüística, situación en la que desaparece el problema fonético (ya que adoptarían fonemas habituales y por tanto fáciles de utilizar para ellos) y también el problema léxico, ya que las palabras 'primitivas' se inferirían a partir de las de su lengua habitual. Pero es obvio que esta lengua resultaría superflua y totalmente inútil.
    Sería más útil, por tanto, que todos se pusiesen de acuerdo en aprender el Latín o cualquier otra lengua en uso y no una en la que ni siquiera existe literatura escrita.
    En palabras del propio Descartes:
     
    "Hay un medio de inventar una lengua o al menos una escritura, en la cual los caracteres y palabras primitivos estarían hechos de suerte que ésta pudiera ser enseñada en muy poco tiempo... y como se puede aprender en un día a nombrar todos los nombres hasta el infinito, y escribirlos en una lengua desconocida, que está formada por una infinidad de palabras diferentes; también se puede hacer lo mismo con todas las palabras necesarias para expresar todas las otras cosas que caen en el espíritu de los hombres; si esto se ejecuta no hay ninguna duda de que esta lengua sería bien aceptada por todos, puesto que hay mucha gente que emplearía de buen grado cinco o seis días de tiempo para hacerse entender por todos los hombres... ; y si alguien explica bien a todo el mundo cuáles son las ideas simples que están en la imaginación de los hombres, de las cuales se compone todo lo que ellos piensan, entonces yo osaré esperar una lengua universal muy fácil de aprender, pronunciar, y escribir, y lo principal, que ayudaría al juicio y representaría distintamente todas las cosas, con lo cual será practicamente imposible errar, no como ahora donde las palabras que nosotros usamos prácticamente sólo tienen significaciones confusas y a lo cual el espíritu humano se ha acostumbrado desde hace mucho tiempo, lo que es causa de que no se entienda casi nada perfectamente. Yo sostengo que esta lengua es posible y que se puede encontrar la ciencia que de ella depende por medio de la cual hasta los campesinos podrían juzgar mejor acerca de la verdad de las cosas, que es lo que hacen actualmente los filósofos".
     
    Descartes concluye su carta manifestando que él no espera ver jamás en uso dicha lengua ya que para que esto fuera posible el mundo entero debería convertirse en un paraíso terrenal. Tampoco se muestra partidario, de proponer un proyecto de este tipo en la Europa de su época, incluso llega a considerarlo una osadía.
    De todos modos acepta la posibilidad teórica y la conveniencia de un proyecto de esta naturaleza, aunque también subrraya que él no se siente en grado de llevarlo a la práctica, expresando, en definitiva, serias dudas respecto a su viabililidad.
    De todos modos, a partir de este ambiguo texto se ha desarrollado un planteamiento serio y coherente que ha tenido como protagonistas a algunos de los más significativos pensadores de la modernidad.
     
     2. Comentario de Leibniz a la carta de Descartes.
     
    Algunos de los más importantes proyectos de una lengua universal que se desarrollaron entre la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX son deudores de la propuesta leibniziana al respecto.
    Aquí no pretendemos tratar la cuestión de la 'characteristica universalis' como tal, sino sólo ocuparnos de los comentarios de Leibniz a la mencionada carta de Descartes y de las consecuencias prácticas de la asunción por parte de éste de los planteamientos cartesianos.
    En 1903 Louis Couturat, que dedica una parte importante de su labor al estudio de las lenguas universales, publica unos manuscritos (que había conocido gracias a Giovanni Vailati), que hasta el momento habían permanecido inéditos y en los que podemos encontrar la transcripción de la mencionada carta a la que el propio Leibniz de puño y letra le añade el siguiente comentario:
     
    "Aunque esta lengua depende de la verdadera filosofía, no depende de su perfección. Es decir, esta lengua puede ser establecida aunque la filosofía no sea perfecta: y a medida que la ciencia de los hombres crezca esta lengua crecerá también, mientras tanto ella será un auxilio maravilloso para servirse de lo que nosotros sabemos, para ver aquello que nos falta y para inventar los medios de llegar a ello, pero sobre todo para eliminar las controversias en las materias que dependen del razonamiento. Pues entonces razonar y calcular será la misma cosa."
     
    Leibniz era completamente optimista respecto de las posibilidades de la creación de una lengua universal. En este sentido, aunque pretende interpretar la opinión del propio Descartes, se aparta considerablemente de éste en relación a la cuestión que nos ocupa. Esta postura de Leibniz es, en definitiva, la que marca las futuras investigaciones sobre el problema que nos ocupa, muchas de las cuales se consideran herederas y continuadoras de la doctrinas cartesiana, pero que son, en realidad, continuadoras de la interpretación leibniziana de Descartes.
    Aunque el proyecto de la 'characteristica universalis' de Leiniz no puede ser considerado independientemente de su lógica y de su ontología ya que todo forma parte de la estructura enciclopédica global de su filosofía y se integra en su sistema monadológico, es menester distinguir claramente la 'characteritica' de la 'lingua universalis'.
    Recordemos que para Leibniz todo juicio no es sino una definición parcial del sujeto y que en la definición propiamente dicha más que estar incluído en el sujeto, el predicado es idéntico a él. La definición no es nunca arbitraria. Leibniz distinguía entre definición nominal (la posibilidad mental) y la definición real (la posibilidad objetiva). Esta última hace alusión a la posibilidad de fabricación o confección. Y esto es muy importante ya que con su 'characteristica' nunca pretendió Leibniz construir un sistema formal de pensamiento o un lenguaje lógicamente perfecto sino un instrumento eficaz para la invención científica un 'ars inveniendi' y no sólo para producir 'conceptos' sino también 'cosas'.
    Tal como dice Descartes en el texto tratado, para llegar a la verdad es necesario ordenar adecuadamente los conceptos y los juicios que los incluyen. Leibniz propone asignar a cada concepto simple un signo numérico de manera tal que todos los conceptos complejos se puedan representar como una suma de conceptos simples. Si ordenamos correctamente la serie de las expresiones simples la conclusión se obtiene por mero cálculo. Leibniz pone como ejemplo de una characteristica de este tipo la escritura china, detalle que trasciende lo meramente anecdótico ya que muchos de sus seguidores creyeron ver en esta lengua un modelo de lengua universal. Incluso hubieron propuestas formales de convertir el chino en lengua universal. Una characteristica universalis es, por tanto, un sistema completo de signos de los conceptos simples y complejos.
    Leibniz saca consecuencias, entonces, en la dirección de la 'characteristica' más que en la línea de las lenguas auxiliares internacionales ya que no era partidario, postura que compartía con Descartes, de una lengua a-priori de comunicación universal que reemplazara a las lenguas naturales. Leibniz no prentendía retornar a una situación prebabélica, no seguía el camino de los buscadores de la mítica lengua adámica, sino que buscaba el lenguaje seguro de la ciencia.
    Su aportación fundamental, a partir de esto sería la de un "léxico de caracteres reales, sobre los que se pudiese ejercitar un cálculo capaz de llevar al hablante a formular automáticamente proposiciones verdaderas" (Eco, p.229)
    Por otra parte, Leibniz valora claramente la pluralidad lingüística. El mismo es un estudioso de lingüística comparada y conoce muy bien las principales lenguas europeas, además de su lengua materna, escribiendo habitualmente en francés y latín. Otra cosa es que también se sintiera fascinado por lo que subyace a la empresa de buscar una lengua universal; lo que deja entrever su visión romántica e iniciática del universo y la búsqueda del saber absoluto y de la aprehensión mística de la verdad y la posibilidad de comunicarla entre todos los hombres en una especie de panteísmo gnoseológico y lingüístico.
     
     
    3. Los proyectos 'a-posteriori' y la Academia pro Interlingua.
     
    Sin embargo, aunque su proyecto está referido principalmente a la comunicación entre los científicos de todo el mundo, también es un auténtico impulsor de los proyectos a-posteriori y siguiendo las directrices extraídas de la carta de Descartes a Mersenne propone simplificar la lengua vehicular más importante que ha existido jamás: el latín. Buscar un lenguaje de comunicación fácil y preciso que permita difundir adecuadamente los hallazgos de la ciencia. Y para esto no es necesario, como sostenía Descartes, partir de una ciencia o filosofía perfecta, sino que basta con partir de una lengua natural; y las lenguas naturales, por definición, no son perfectas.
    Esta propuesta tuvo un gran eco a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, En 1765 Faguet publica en el tomo 5 de la Enciclopedia un esquema de "Langue nouvelle" en donde intenta aplicar al francés las reglas de Leibniz: eliminación del artículo, genero y concordancia de los adjetivos... El plural de los sustantivos en s, casos indicados por preposiciones,... Esto motiva nuevas investigaciones y es así como la Real Academia de Berlín, cuyo primer presidente fue el propio Leibniz toma parte activa en esta empresa y propone a los doctos de Europa el siguiente problema: "si el hombre aislado, sólo a través de sus facultades naturales está en grado de instituir lenguas y, en caso afirmativo, de qué modo".
    Entre los concursantes obtiene el premio máximo I.G.Herder y el primer accesit P.F.Soave, de Lugano. Pero como ambos sostienen la concepción platónica sobre el origen natural de las lenguas están de acuerdo en concluir que es imposible un idioma común apto para expresar el talante de toda la especie humana ("idioma commune apto ad exprime genio de omni stirpe") pero no es imposible una lengua auxiliar y neutra derivada de idiomas naturales afines entre ellos y para uso de relaciones utilitarias entre las gentes. Por lo tanto, la Academia de Berlín, de inspiración leibniziana también en esto, decreta la muerte de los proyectos a-priori.
    Queda abierta la puerta de los proyectos a-posteriori. El desarrollo más espectacular de éstos se dió entre finales del siglo pasado y el primer tercio del presente. Nos referimos sobre todo el Volapük creado por Schleyer y al Esperanto de Zamenohf.
    Es en el seno de las actividades de la Accademia pro Interlingua, que fundara el propio Shleyer, donde una parte del proyecto leibniziano adquiere su máximo relieve. Como ejemplo veamos el contenido de parte de una carta enviada por el Dr.Ernst, miembro alemán de la Accademia pro Interlingua, a su presidente, el matemático G.Peano, el 6 de febrero de 1912. (La carta forma parte de un fondo de correspondencia inédita de la Accademia, está escrita en interlingua. La versión castellana es nuestra):
     
    "Para construir la interlingua. Constitución de la interlingua según Leibniz.
     


    1. Uno...et traditionalis vocabularie. El vocabulario tradicional al uso unificado.

    2. Uno rationalis, simplex et facilis grammatica. Gramática racional única, simple y fácil.

    3. Applicatio hices grammaticalis regulas ad latine. Aplicación de estas reglas gramaticales al latín.

    4. Uno solum declinatio. Una sola declinación.

    5. Suppresio de latine cases et declinatio cum nomina tive et certe particulas. Supresión de los casos latinos, manteniendo sólo la declinación en nominativo y utilizando ciertas partículas.

    6. Nulle grammaticalis genere. Supresión de los géneros gramaticales.

    7. Significatio de naturalis genere, de numere et de logice grammaticalis ratio per separate particulas. Mantenimiento del género natural, del número y de la relación sintáctica por medio de partículas indepen- dientes.

    8. Uno unice conjugatio et quidem cum auxiliaris verbe 'esse'. Conjugación única con el verbo ser como auxiliar.

    9. Cum indicatio de persona, numere, tempore et mode. Con indicación de persona, número, tiempo y modo.

    10. 10.Participies actives et passives indica act. Et pass. forma de verbe. Los participios activos y pasivos indican la voz activa y pasiva de las formas verbales.

     
    Ernst termina la carta discrepando con Leibniz respecto de las reglas 8, 9 y 10.
     
    La aplicación de estas reglas y otras similares permitió la creación de lenguas auxiliares de comunicación universal tales como la nueva Interlengua que reemplazaría al Volapük en el ámbito de la mundialmente difundida Accademia pro Interlingua. Y en este caso, del mismo modo que no se debe confundir la 'characteritica' con la 'lingua universalis', tampoco debemos confundir la ideografía ideada por el entonces presidente de la Accademia, el Prof.Peano, con la lengua universal propuesta por esta academia. En palabras de Peano: "La ideografía es síntesis; con la ayuda de pocas ideas primitivas, cerca de diez, se compone una idea compleja; por tanto con la ideografía podemos escribir toda la matemática, pero sólo la matemática. La lengua artificial es análisis. Convierte una idea de la lengua común en otra más simple...Si en un futuro análisis y sintesis tenderán a encontrarse, como dos ejércitos de minadores que trabajan en un túnel por ambas extremidades, entonces la Interlingua (Lingua rationale) y la Characteristica universal de Leibniz serán la misma cosa" (Peano, De latino sine flexione. Lingua Auxiliare Internationale -Rivista di matematica, vol.VIII, oct. 1903, p. 81)
    No queremos terminar sin destacar la relevancia de los fines que se proponía la Accademia con un proyecto de esta naturaleza: al no ser esta lengua patrimonio de ninguna nación en particular no presenta los conflictos derivados de utilizar como lengua vehicular una lengua nacional. El ideal universalista que se busca es el del entendimiento sin barreras entre todos los hombres. El sueño cartesiano -'sueño' en el sentido de proyecto utópico-, va dejando de ser un sueño, la utopía va dejando de serlo al ir encontrando su 'tópos'.
     
    Aunque hoy en día habría que plantear la cuestión de otra manera y, en algunos casos, las realizaciones son bastante diversas de las previstas, nosotros apostamos por la actualidad y vigencia del proyecto al que nos hemos referido.
     
     
    Bibliografía.
     

    * COUTURAT, Louis, Les nouvelles langues internationales, Paris, Hachette, 1907.

    * DESCARTES, Oeuvres, Correspondance I, Pubicación de Adam & Tannery, Nueva edición de J.Vrin, Paris, 1974.

    * DESCARTES, Oeuvres philosophiques I (1618-1637), París, Garnier, 1991, Ed.F.Alquié.

    * DI DIA, G., La lingua universale, Turín, Academia pro Interlingua, 1925.

    * FREGE, Gottlob, Nachgelassen Schriften und Wissenschftlicher Briefwechsel, Hamburg, Felix Meiner, 1976. También hemos utilizado la traducción italiana Carteggio scientifico..., Torino, Boringhieri, 1983.

    * LEIBNIZ, G.W., Opuscules et fragments inédits, por Louis Couturat, Paris, Felix Alcan, 1903.

    * LEIBNIZ, G.W., Escritos filosóficos, Buenos Aires, Charcas, 1982.

    * PEANO, G., De latino sine flexione. Lingua auxiliare internationale, Torino, Rivista de matematica, oct.

    * 1903, vol.VIII.







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