Anónimo escribió "
I have made a big decision>
I'm gonna try nullify my life
´Cause when the blood begins to flow
When it shoots up the dropper's neck
When I'm closing in on death.
LOU REED
Necesitaba un sitio tranquilo, así que pensó en el acantilado que había al norte, cerca de los bajíos de la costa. Una película de escarcha manchaba las palmas de sus manos, destellos de mercurio sobre el parabrisas cromado, haciendo que sus miembros temblorosos resbalasen sobre el volante. Tomando una carretera secundaria que conocía bastante bien, un torbellino quemándole por dentro, cruzó las intersecciones solitarias. Los faros contra el asfalto caliente mostraban extraños espectros, flashes cenitales devorando el alquitrán interminable, mientras los kilómetros pasaban de una manera obsesiva. Nerviosamente, cambió de marcha ascendiendo por un camino de tierra, levantando una nube de polvo. Tenía la boca espantosamente seca,la lengua pegada al paladar con silicona, un malestar insoportable atrapando sus músculos paralizados:
-Hola-saludó el Hombre-¿Qué tal estas, tío?.
Cicatrices tribales resbalando sobre la piel de obsidiana, ojos acerados dentro de las cuencas ennegrecidas, una sonrisa sangrienta mostró unos dientes estropeados por los efectos del eucodal:
-Bien-contestó secamente-¿Y tú?.
-Igualmente-sin pérdida de tiempo-Te veo mal: ¿Cuánto quieres?-pasó a la frialdad de los negocios-¿Lo mismo de siempre?.
-Sí-asintió-Lo de siempre-apremiante-Date prisa...
Las palabras fueron veloces, frases sin sentido, sólo recordaba el hambre del dolor, la necesidad de atravesarse una vena palpitante. Los minutos pasaron lentamente, abscesos purulentos marcaban sus brazos hechos polvo, mientras el africano desaparecía por un callejón a oscuras:
-Toma-las manos ásperas le pasaron una papelina plateada-¿Quieres algo más?.
-No-le dio unos billetes arrugados-Pasaré dentro de un par de días.
-Vale-se despidió rápidamente-Nos vemos, colega.
-Adiós.
Se detuvo al borde del acantilado, el cierzo como única compañía, apagando el motor del automóvil. El romper de las olas llenaba sus sentidos confusos, una insensibilidad imposible martilleando sus sienes, machacando las rocas desgastadas por el paso del tiempo. Percibía la realidad de una manera febril, atormentada, embates frenéticos golpeaban su costado izquierdo.¿De qué le servía pasar por aquella mierda?, ¿Iba a solucionar sus problemas de esta manera?, ¿Conseguiría sentirse en paz durante un instante?... Un sabor metálico se adhería a su paladar, la saliva era una salpicadura de neón descendiendo por su garganta, haciendo que le resultase difícil respirar.
Sus pensamientos no estaban especialmente lúcidos, ideas poco claras, borrosas, impidiéndole concentrase correctamente... Heroína, vela, mechero... Era incapaz de unir sus especulaciones coherentemente, no podía permitirse el lujo de perder la tranquilidad, habían demasiadas cosas en juego... Hipodérmica, cuentagotas, cucharilla, algodón... La realidad no admitía excusas piadosas, debía ser realista al respecto, de nada le servía engañarse. Representaba el pasado, imaginando su rostro de apenas cuarenta años; triste y elegante por el espejo retrovisor. Aflojando el cinto del bíceps, se acomodó sobre los asientos acolchados, cerrando los ojos levemente sesgados. Vestía mocasines de piel, gastados vaqueros negros, debajo de la camiseta blanca descansaba un sencillo crucifijo de oro, una chaqueta de cuero sintético cubría su cuerpo. Casi podía sentir el aroma del invierno sobre su piel, la suave música que cubría su corazón parecía conjurada desde el fondo de su ser, arrebatándole los sueños. Fueron unos largos, interminables, preciosos segundos que duraron eternamente. Su vida al completo pasó debajo de sus párpados cerrados, fotogramas aleatorios desperdigados dentro de una película de celuloide; todos los sucesos, todos los momentos, todas las contradicciones... Su existencia era un puñado de tiempo que se le escapaba entre los dedos, fluorescentes de sodio sobre el capot del vehículo, una amarga experiencia perdida a pesar de sus esfuerzos... Heroína, vela, mechero, hipodérmica... Sabía que sólo era un hombre, que aquella era una apuesta perdida de antemano, pero eso no le ayudaba a aceptar sus pecados. No tenía conciencia de ello, pero Dios lo había abandonado, o mejor dicho, él le había dado la espalda al no encontrar las respuestas que necesitaba desesperadamente... Cuentagotas, cucharilla, algodón... Una corriente de aire se filtraba por la ventanilla, el brazo dolorido cerró el cristal guiándose por el tacto, resguardando su piel hipersensible del frío del exterior. Abriendo los ojos grises, contempló el cielo, luces de neón resplandeciendo en la bóveda celeste cubierta por la contaminación industrial, preguntándose si tendría un lugar reservado entre aquellas estrellas apagadas. Recordó a su esposa, rostro triangular veteado por una cascada de cabellos rubios, preguntándose si estaría esperándole despierta... Heroína, vela, mechero, hipodérmica, cuentagotas, cucharilla, algodón... Dolía saber que estaba condenado, todo sería cuestión detiempo, hora de resistir otro viaje maldito que lo conduciría al principio del fin.
Allí sabría si las ilusiones perderían significado, nunca podría encontrar un nuevo amanecer, drenado por el caballo que circulaba por sus articulaciones maltratadas. Melancólico, volvió a cerrar los ojos cansados, saboreando la esperanza amarga que se deslizaba por las venas, recorriendo los músculos, a través de todo el sistema nervioso. Sus miembros se relajaron, su mente quedó vacía, endormida, proporcionándole un pequeño consuelo envuelto en aluminio, hasta que todo fue oscuridad, no quedó ninguna luz...
Santa Cruz de Tenerife, 25 de abril de 2002
Alexis Brito Delgado
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